Delcy Rodríguez y Petro hablan por teléfono y acuerdan encontrarse “próximamente”

Delcy Rodríguez y Petro hablan por teléfono y acuerdan encontrarse “próximamente”

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, y el presidente de Colombia, Gustavo Petro, sostuvieron una conversación telefónica este miércoles en la que acordaron verse pronto. La visita, pendiente desde hace más de un mes, aún no tiene fecha ni lugar, pero está más cerca de concretarse.

La conversación la hizo pública Rodríguez en su cuenta de Instagram. “Acordamos realizar próximamente un encuentro binacional a nivel de jefes de Estado para seguir avanzando en temas claves de la agenda económica, energética y de seguridad, en el marco del fortalecimiento de la cooperación y las relaciones de respeto y trabajo conjunto entre ambos países”, escribió.

En un discurso este jueves en La Guajira, Petro anunció que había invitado a Rodríguez a reunirse en la ciudad fronteriza de Cúcuta para discutir proyectos energéticos conjuntos y otros de infraestructura para atender las necesidades de las comunidades más vulnerables. La intención de Petro es que Colombia suministre energía eléctrica a Venezuela. También ha recalcado que ambos países necesitan más inversión para abordar las necesidades de las comunidades ubicadas a lo largo de la frontera.

Rodríguez señaló tras la conversación que se busca “impulsar una relación de entendimiento y beneficios compartidos para el bienestar de nuestros pueblos”.

La visita está pendiente al menos desde el 8 de enero, apenas cinco días después del ataque estadounidense en el que fue capturado Nicolás Maduro. Entonces, tras el episodio que marcó un antes y un después en el país vecino, Petro se ofreció a “contribuir a una salida de la crisis política y establecer el orden de Venezuela”.

Las cosas han cambiado a toda velocidad desde ese momento, y la llamada de este miércoles se produce en una coyuntura distinta. En Venezuela, ha quedado claro que el chavismo seguirá en el poder por un tiempo aún indefinido, pero con una agenda sometida en buena parte a la colaboración y las pretensiones de Estados Unidos. En Colombia, Petro —que durante meses también fue un blanco de las amenazas de Donald Trump— ha hecho las paces con Washington y ejerce ahora de aliado del republicano, en plena recta final para las elecciones que definirán su sucesor.

Ordenado el tablero, Colombia busca su lugar en la Venezuela sin Nicolás Maduro. Apenas un mes después de la operación contra Maduro, Petro entraba al Despacho Oval para oficializar la reconciliación con Donald Trump y contarle algunos de sus planes para Venezuela. Entre sus propuestas, el mandatario planteó las mismas inversiones energéticas para mejorar la conectividad de Venezuela. Trump, por su parte, se mostró dispuesto a colaborar con Petro para combatir a los grupos guerrilleros y organizaciones terroristas en Venezuela. “Eso es lo que quieren que hagamos, y lo haremos”, apuntó.

En esa conversación clave para las relaciones bilaterales con Estados Unidos, Petro se mordió la lengua y evitó debatir lo que pensaba sobre el ataque a la soberanía venezolana. Desvió, en cambio, la conversación hacia la mediación. “Venezuela se merece que se encuentren las fuerzas racionales. Podemos ayudar mucho”, dijo el mandatario, que apuntó a Ecopetrol, la petrolera estatal colombiana, como el “eje” de la reactivación económica de Venezuela.

Colombia y Venezuela comparten una frontera de más de 2.200 kilómetros que ha sido un punto clave de sus relaciones. Esa relación se ha vuelto más compleja en los últimos años, especialmente por el enorme flujo de migrantes venezolanos que han llegado a Colombia, que es de lejos el país de la región con la mayor diáspora venezolana, cerca de tres millones de inmigrantes y refugiados.

En la región fronteriza, grupos armados y guerrillas como el ELN han intensificado la violencia, especialmente en la zona del Catatumbo, en el norte de Colombia, lo que ha afectado la seguridad y la vida diaria de comunidades enteras a ambos lados de la frontera. Esta situación ha generado desplazamientos internos y presión sobre la frontera común. En parte como consecuencia de esas tensiones y la crisis humanitaria prolongada, las rutas ilegales y la economía informal han crecido, incluso en sectores de comercio transfronterizo fuera de los pasos oficiales.