El ‘caso Epstein’ agrieta la confianza en las instituciones en Noruega | Internacional

El ‘caso Epstein’ agrieta la confianza en las instituciones en Noruega | Internacional


La sombra de Jeffrey Epstein ha caído sobre Noruega como un golpe que nadie vio venir. El país escandinavo —uno de los menos corruptos y más transparentes del mundo, según numerosos índices— se ha visto sacudido por una espiral de revelaciones que salpican a su monarquía y a varios de sus políticos y diplomáticos más influyentes, cuyos vínculos con el pederasta estadounidense han salido recientemente a la luz. El escándalo ha mermado la confianza de la ciudadanía en las instituciones noruegas y amenaza con dañar la reputación internacional del país.

El episodio que ha generado mayor atención en la prensa extranjera es el que afecta a Mette-Marit. La princesa heredera consorte conoció a Epstein en la Nochebuena de 2012 en San Bartolomé, una diminuta y exclusiva isla francesa en el Caribe. La Casa Real sostuvo hace años que habían coincidido por azar, pero unos correos electrónicos revelados a finales del pasado enero por el Departamento de Justicia de Estados Unidos muestran que fue un encuentro cuidadosamente planificado.

Mette‑Marit mantuvo contacto con Epstein, según los correos recientemente revelados, entre 2011 y 2014, pese a que el magnate ya había sido condenado por pederastia y tráfico sexual en 2008. Hasta hace poco, la Casa Real afirmaba que la relación se rompió en 2013, el año en el que la princesa se alojó durante cuatro días en la mansión del financiero en Palm Beach (Florida).

Epstein y Mette-Marit intercambiaron cientos de mensajes, la mayoría con un tono cercano, incluso insinuante. En uno de ellos, durante una conversación sobre “la caza de una esposa” para el millonario, ella escribió que las mujeres escandinavas eran “mejor material que las francesas”.

La princesa se ha disculpado en dos ocasiones en las últimas semanas. “Deseo enviar una profunda disculpa por mi amistad con Jeffrey Epstein. Es importante para mí pedir perdón a todos a los que he decepcionado”, declaró a través de un comunicado. El aluvión de críticas a Mette-Marit llega en un momento especialmente delicado para ella: su hijo Marius, fruto de una relación anterior a su matrimonio con el príncipe Haakon, ingresó el 2 de febrero en prisión preventiva, acusado de 38 delitos, entre ellos cuatro de violación.

Más allá de la realeza, la reciente publicación de tres millones de archivos del caso Epstein ha arrinconado a varias figuras de la élite política y diplomática noruega.

Según una encuesta para el canal privado TV2, casi el 80% de la población adulta de Noruega considera que las últimas revelaciones del caso Epstein han erosionado, en mayor o menor medida, la confianza en el sistema político.

Thorbjorn Jagland, primer ministro noruego a finales de los años noventa, fue imputado el pasado jueves por un delito agravado de corrupción, después de que el Consejo de Europa, institución que presidió entre 2009 y 2019, suspendiese la víspera su inmunidad tras revelarse lo profundos que eran sus vínculos con Epstein. “Solo tengo una cosa que decir: ‘Me alegra mucho que el asunto vaya a aclararse”, declaró el exmandatario socialdemócrata, que será interrogado en los próximos días. Funcionarios de la unidad de delitos económicos de la Fiscalía registraron sus tres propiedades.

Jagland, de 75 años, que también encabezó durante más de un lustro el Comité del Nobel de la Paz, se refirió varias veces a su relación con Epstein como “actividad diplomática normal”. Los archivos publicados en enero reflejan, entre otras cosas, que Jagland y los asistentes de Epstein planificaron en 2014 que el político noruego, su esposa, sus dos hijos y la novia de uno de ellos visitaran al magnate en Palm Beach, aunque el viaje no llegó a concretarse. Además, Jagland y su familia pernoctaron en los apartamentos de Epstein en París y Nueva York en varias ocasiones. El millonario estadounidense llegó a solicitar al político noruego que le consiguiera acceso al presidente ruso, Vladímir Putin.

Otro ejemplo de las consecuencias de la onda expansiva del caso Epstein en Noruega es el de Mona Juul y Terje Rod-Larsen, una pareja de diplomáticos archiconocidos en el país, que han pasado en pocos días de héroes a villanos.

Juul y Rod-Larsen desempeñaron un papel clave en las negociaciones secretas entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) que condujeron a los Acuerdos de Oslo en los años noventa. “No había paz en Oriente Próximo, más bien al contrario. Pero la pareja se convirtió en el símbolo de ‘la Noruega defensora de la paz”, escribió la semana pasada Aslak Nore, periodista y novelista, en un artículo de opinión titulado Algo huele a podrido en Noruega —parafraseando a William Shakespeare en Hamlet— en el periódico con más lectores en el país nórdico, Verdens Gang.

Juul, de 66 años, dimitió la semana pasada como embajadora en Jordania e Irak. La Fiscalía noruega la acusa, como a Jagland, de un delito agravado de corrupción. En un mensaje que envió a Epstein, la diplomática le dijo que estaba “eternamente agradecida” por todo lo que él había hecho por ella y su marido.

Rod-Larsen, exministro laborista y antiguo enviado especial de la ONU para Oriente Próximo, está acusado de complicidad en graves actos de corrupción. El político y diplomático, de 78 años, pidió a Epstein —al que definió en varios mensajes como su “mejor amigo”— utilizar su avión privado para unas vacaciones familiares en Bermudas en 2011. Al año siguiente, una hija de Rod-Larsen y Juul alquiló un apartamento del financiero en París.

Además, el magnate ejerció como intermediario cuando la pareja compró una vivienda de lujo en Oslo, y Rod-Larsen firmó una carta de recomendación para respaldar la solicitud de visado de una mujer rusa que hoy figura como una de las víctimas de Epstein.

Las revelaciones de finales de enero muestran que el pederasta estadounidense, unas semanas antes de morir en una cárcel en 2019, modificó su testamento para legar 10 millones de dólares a dos hijos de la pareja de diplomáticos, aunque los fondos quedaron congelados. Los correos también apuntan que Rod-Larsen presentó a varias figuras de la élite política y financiera a Steve Bannon, ideólogo de cabecera de Trump en el inicio de su primer mandato.

Borge Brende, ministro de Exteriores conservador entre 2013 y 2017, es otro político noruego al que los documentos del caso Epstein han colocado entre la espada y la pared. El Foro Económico Mundial (FEM), institución que preside desde hace casi un decenio, ha abierto una investigación independiente contra él. Brende, de 60 años, sostiene que en 2019 informó en privado a Klaus Schwab, fundador del Foro, de su relación con Epstein. Sin embargo, Schwab lo niega y, en una carta enviada al diario suizo Neue Zürcher Zeitung, señaló que estudia emprender acciones legales por el perjuicio causado a su reputación.

Brende declaró el año pasado que no tenía “nada que ver” con Epstein, aunque, según correos recientemente revelados, ambos llegaron a tratar la posibilidad de que el Foro de Davos se convirtiera en “una alternativa a la ONU” y se reunieron en tres ocasiones en Nueva York en 2018 y 2019. El político noruego definió al millonario estadounidense como “un anfitrión extraordinario” en un mensaje que le envió tras una cena en la que estuvieron presentes Bannon y Rod-Larsen. El último contacto entre Brende y Epstein —al que ahora se refiere como “un monstruo”— fue la semana anterior a la detención del magnate en 2019.

El Parlamento de Noruega acordó la semana pasada crear una comisión independiente para investigar los vínculos de Epstein con políticos y diplomáticos, aunque quedan por determinar cuestiones como su mandato, quién la dirigirá y qué periodo de tiempo debe investigarse. El ultraderechista Partido del Progreso, que en las elecciones del pasado septiembre se quedó muy cerca de hacerse con el poder, reclama que la comisión interrogue a todos los ministros de Exteriores de los últimos 20 años, lo que incluiría al actual primer ministro, el laborista Jonas Gahr Store.

“Esto es un desastre reputacional; no solo para la princesa heredera y la Casa Real: también para el Ministerio de Asuntos Exteriores. Alguien tiene que dimitir”, escribió el analista Ole-Jorgen Schulerud-Hansen en la web de TV2. “Ha fallado todo el aparato del Estado”, resumió.