El crudo testimonio del argentino que sobrevivió al Helicoide

El crudo testimonio del argentino que sobrevivió al Helicoide


Gustavo Gabriel Rivara rompió el silencio tras abandonar el Helicoide, el centro de detención más temido del Gobierno venezolano. El argentino de 52 años confirmó su liberación el 2 de febrero y relató la pesadilla que vivió desde su captura tras las elecciones de julio de 2024. Consternado, aseguró que durante mucho tiempo creyó que su destino final sería la muerte dentro de los muros de esa prisión, donde la falta de derechos y la arbitrariedad fueron la norma.

Su captura ocurrió en una estación de colectivos en Barinas, cuando intentaba regresar a Colombia tras participar en las marchas convocadas por la oposición. En diálogo con radio Rivadavia, explicó que el Gobierno “no necesitó razones legales para encerrarlo”, ya que la orden fue “capturar extranjeros para utilizarlos como herramientas de chantaje contra otros gobiernos”. El hombre señaló que el miedo en las calles de Caracas era total y que cualquier contenido sospechoso en el teléfono celular bastaba para terminar en una celda sin proceso judicial. “Pensé que podía morir en la cárcel”, admitió.

Rivara relató que “creyó que iba a morir” en esa cárcel

El Helicoide fue descrito por Rivara como un infierno subterráneo, cubierto de suciedad y polvo constante. A su vez, indicó que aún padece problemas en los ojos por la falta de higiene y que la luz artificial permanente, sumado a los ruidos constantes que impidieron cualquier descanso reparador. “Se vive en un estado de alerta continua, nos despertaban muy temprano y pasaban lista todo el tiempo”, remarcó al detallar el ambiente opresivo del penal.

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Durante los últimos cuatro meses, el argentino permaneció totalmente incomunicado, encerrado en un cuarto diminuto sin acceso a información ni contacto con su familia. Mencionó que los guardias “le hicieron sentir que no tenía derechos”, comparando su situación con un limbo legal absoluto donde la voluntad de los oficiales era la única ley. Durante ese tiempo, su único refugio fue la lectura y la escritura, mientras compartía pasillos con guerrilleros y narcotraficantes, siendo él el único argentino en ese sector.

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El Helicoide, donde estuvo encerrado Rivara

La presentación ante un juez recién se produjo diez meses después de su arresto, en una audiencia de apenas cinco minutos que calificó de “ridícula”. Allí lo acusaron de “traición a la patria”, un cargo que enfrentó sorprendido, dada su condición de ciudadano extranjero. Confesó, de hecho, que su mayor temor no fue morir, sino ser olvidado por el mundo y quedar atrapado durante décadas en la locura del encierro.

También recordó las explosiones del 3 de enero, cuando la caída del Gobierno de Nicolás Maduro modificó por completo las reglas del juego. En ese momento, las cámaras de seguridad se apagaron por primera vez y el caos se apoderó de los pasillos, marcando el inicio del fin de su detención. Hoy, ya fuera de peligro, pidió que el mundo no desvíe la mirada de las familias que siguen pasándola mal en Venezuela y lamentó el sufrimiento de ciudadanos inocentes.

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Cámaras en los baños y resistencia psicológica

El monitoreo dentro del penal llegó a niveles extremos de degradación, afectando la intimidad más básica de los detenidos. Rivara denunció que el Gobierno instaló cámaras incluso en los sectores de baños, lo que obligó a los presos a vivir bajo una vigilancia constante durante las 24 horas. Esta exposición permanente buscó quebrar la resistencia moral de los internos, quienes eran observados minuciosamente en cada una de sus acciones cotidianas por el personal del Servicio de Inteligencia (SEBIN).

Ante esta presión, Rivara adoptó una actitud de resistencia activa para evitar lo que él denominó como quedar “muerto en vida”. El sobreviviente relató que decidió ser un interno problemático para las autoridades, desafiando a los guardias en los pasillos siempre que pudo hacerlo sin recibir órdenes directas de los jefes. Según su testimonio, esta rebeldía funcionó como un mecanismo de defensa para mantener la cordura y tratar de transmitir un mensaje de fortaleza al resto de sus compañeros.

Finalmente, el sobreviviente remarcó que el Helicoide funciona como un “centro de deshumanización”, donde el valor de la persona se redujo al de una simple mercancía política. Explicó que ahí se encontró con mujeres separadas de sus hijos y personas cuyo único delito fue poseer recursos económicos que el Gobierno pretendía quedarse. “Te desaparecen sólo porque tenés plata y pretenden chantajearte”, sentenció, La libertad de Rivara se concretó bajo la incertidumbre total, ya que hasta el último segundo estuvo convencido de que sería trasladado a otra prisión en lugar de ser liberado.

TC/ML