El Gobierno ruso asesinó al opositor Alexéi Navalni con un toxina mortal, la epibatidina, derivada de la rana dardo venenosa de Ecuador. La misma sustancia que usaban en la punta de sus flechas las tribus indígenas de ese país. Esta acusación formal contra el Kremlin ha quedado plasmada en el comunicado conjunto que el Reino Unido, Francia, Alemania, Países Bajos y Suecia han lanzado este sábado en la Conferencia de Seguridad de Múnich.
“Solo el Estado ruso tuvo los medios, la motivación y la oportunidad de desplegar esta toxina letal contra Navalni, durante su encarcelamiento en una colonia penal rusa en Siberia. Por eso lo hacemos responsable de su muerte”, afirma el texto conjunto.
Navalni, que llegó a convertirse incluso en prisión en una seria amenaza política para el Kremlin de Vladimir Putin, por el creciente apoyo de la población a su actividad opositora, murió hace ya dos años en un centro penitenciario ruso. Todas las sospechas apuntaron hacia la idea de un asesinato.
Una investigación conjunta de los países demandantes a lo largo de todo este tiempo ha confirmado, a través de pruebas de laboratorio, que se hallaron muestras de epibatidina en el cuerpo de Navalni.
“Al usar este tipo de veneno, el Estado ruso demostró tanto las herramientas despreciables de que dispone como el miedo cada vez mayor que tiene a la oposición política”, aseguran los países denunciantes. “La epibatidina se encuentra de modo natural en las ranas dardo de la selva de América del Sur. Pero esas ranas en cautividad no producen la toxina, que tampoco puede encontrarse de modo natural en Rusia. No hay una explicación inocente para el hecho de que fuera detectada en el cuerpo de Navalni”, denuncia el comunicado.
La ministra de Exteriores del Reino Unido, Yvette Cooper, se ha reunido este sábado en Múnich con la viuda de Navalni, Yulia Navalnaya, para transmitirle en persona el resultado de la investigación. “Rusia veía a Navalni como una amenaza”, ha señalado Cooper. “Junto a su viuda, hoy el Reino Unido quiere aportar luz sobre el barbárico complot del Kremlin para silenciar su voz”.
Los gobiernos demandantes han informado de sus conclusiones a la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas, y de la infracción por parte del Kremlin de la Convención sobre Armas Químicas. Todos ellos se han comprometido a exigir a Rusia responsabilidad por sus acciones. El Gobierno ruso no ha respondido de momento a esta acusación formal.








