El novelista, poeta y ensayista neerlandés Cees Nooteboom, uno de los autores más importantes de la literatura europea de la posguerra y estrechamente vinculado a España durante las últimas décadas, murió a los 92 años.
A lo largo de su vida, Nooteboom visitó varias veces nuestro país, donde cuenta con una importante legión de admiradores. Nacido en La Haya (Países Bajos) el 31 de julio de 1933 fue uno de los mayores y más originales escritores contemporáneos: traductor de poesía española, catalana, francesa, alemana y de teatro americano; autor de novelas, poesía, ensayos y libros de viaje. Su propia obra fue traducida a más de veinte idiomas.
Murió esta semana en una de sus residencias de Menorca (que alternaba también con su antigua casa de Amsterdam –ubicada entre dos canales– y otra en el sur de Alemania). El desvío a Santiago, Hotel Nómada, Perdido en el paraíso, Cómo ser europeos, son algunas de sus obras más importantes.
Clarín lo entrevistó en 2011 –cuando llegó por primera vez a nuestro país– y lo definió: “Cees Nooteboom pertenece a una estirpe de escritores europeos que, como Elias Canetti o John Berger, se relaciona más con una suma de tradiciones fundamentalmente europeas que con una única nación. Muchas veces candidato al Premio Nobel de Literatura, es autor de más de cincuenta títulos, serie que comienza con la publicación de Philip y los otros (1954, y traducido al castellano y en 2010) y llegaba –hasta ese momento– a Los zorros vienen de noche (2011). Sus novelas, cuentos, relatos, poemas, libros de viajes y ensayos son todos géneros que confluyen en Tumbas de poetas y pensadores (2007), realizado en co-autoría con su esposa, la fotógrafa Simone Sassen, con quien ha recorrido el mundo entero para visitar las sepulturas de grandes escritores y filósofos de todas las épocas”.
Su espíritu viajero se manifestaba en muchos de sus libros como los relatos de Los zorros vienen de noche y Tumbas de poetas y pensadores, en los que concentró su disertación en su primera visita a Buenos Aires. En Tumbas de poetas y pensadores, relataba los reposos eternos de escritores inmensos como Borges, Kawabata y Neruda. “Uno escribe y los otros descubren temáticas. Para mí siempre es una aventura nueva”, se presentó.
Los clásicos griegos y latinos
Su nombre completo era Cornelis Johannes Jacobus María Nooteboom. Su padre murió en uno de los bombardeos aliados sobre Rotterdam, poco antes del fin de la Segunda Guerra Mundial. Cees fue enviado a estudiar en colegios religiosos de Venray y Eindhoven. No duró demasiado en aquellos colegios pero, mucho después, evocó: “Siempre les estaré agradecido por los clásicos griegos y latinos”.
En la Feria del Libro, los escritores Jan van Mersbergen, Carolina Trujillo, Maarten Asscher y Cees Nooteboom. Foto: Martin Bonetto.Aquella educación católica se reflejó luego en su obra, y después de trabajar en una oficina al terminar la educación secundaria, descubrió su afición por los viajes y la escritura. Publicó su primera novela, Philip y los demás, en 1955. Y debutó en la poesía con Los muertos buscan un hogar. Con su relato de la Revolución húngara de 1956 inició una serie de reportajes que combinaba con los poemas y la novela. Su obra más famosa, titulada Rituales, retrata la década de los sesenta en Ámsterdam a través de unos personajes que afrontan de manera distinta y dolorosa la existencia.
A su primera pareja, la cantante neerlandesa Liesbeth List, le escribió letras para sus canciones. La fotógrafa Simone Sassen, con la que vivió hasta su muerte, tomaba las imágenes de sus libros. Con ella ha pasado la última etapa de su vida en Menorca.
De las veces que visitó la Argentina, una de las citas más importantes fue en la Feria del Libro de 2013, cuando Amsterdam era la ciudad Invitada de Honor. Allí Nooteboom habló en La Rural y en el Festival Internacional de Poesía.
Dos años antes, en su primer viaje a la Argentina y donde participó del Filba, permaneció un mes y medio. Evocó que eses viaje los inspiró para narrar algunos de los 77 relatos de su libro de prosa Poseidón.
Uno de aquellos relatos transcurre en el Zoológico y otro en el bar El Hipopótamo, cercano al Parque Lezama. Dijo que “una de las cosas que me gusta de Buenos Aires es caminar por la calle Borges. Él ha vivido una vida al costado de algunas cosas; era muy solitario, no tenía hijos, y ahora hay muchísima vitalidad en la calle Borges, es parte de la vida de los porteños”.
En un encuentro con lectores en una librería afirmó que “la digresión es mi territorio natural”. Explicó que Berlín, escenario de buena parte de su libro Los zorros vienen de noche, tiene demasiado pasado: la revolución de 1918, la República de Weimar, el nazismo, la democracia, el comunismo.
“Casi es imposible que un ser humano tenga tanto pasado”, decía el escritor antes de repasar su propia vida, tan llena de sucesos que parece inverosímil. Porque nació en La Haya y se mudó siete veces en sus primeros 8 años. “Por eso me cuesta tener recuerdos”. Envidiaba a Nabokov y a Borges con sus recuerdos de bibliotecas paternas. “En mi casa no había libros”, contó.
Cada vez que Nooteboom termina un libro lo invadía la misma sensación de vacío. “¿Y ahora qué?”, se preguntaba. La primera vez que descubrió ese desasosiego fue tras publicar su primera novela: entonces se metió en un barco y fue como marinero a Surinam a buscar historias, pero también a pedir la mano de su enamorada que sólo tenía 18 años.
“Su padre me ofreció trabajo en uno de sus barcos. Llegué a Surinam y pasé un mes fantástico con mi futuro suegro. Pero al final me dijo: ‘tú eres mi amigo para toda la vida, pero nunca te casarás con mi hija’”, recuerda. Nooteboom se salió con la suya y se casó años después, en Nueva York, con su prometida. “Duramos nada más que ocho años, así que mi suegro tal vez tenía razón”, concede.
Cees Nooteboom, entrevistado por Clarín. Archivo Clarín.Aquel espíritu viajero, que le acompañaba desde su adolescencia, tuvo múltiples manifestaciones y para los críticos literarios su obra en ese sentido está solo igualada en intensidad y originalidad por los de Sebald o Chatwsin. Se cita, por ejemplo Hotel Nómada (2002) que reúne variados relatos por los confines del Sáhara, la tierra lunar de Malí, La Bolivia amarga o las pirámides del Sol y la Luna en Teotihuacán.
Nooteboom combinaba movimiento y calma, en su vida y obra: “Hace mucho tiempo, cuando aún no podía saber lo que sé ahora, opté por el movimiento, y más adelante, cuando ya sabía mucho más, comprendí que este movimiento me permitía encontrar la calma indispensable para escribir, que el movimiento y la calma, en cuanto unión de contrarios, se equilibran mutuamente, que el mundo –con toda su fuerza dramática y su absurda belleza y su asombrosa turbulencia de países, personas e historia– es un viajero él mismo en un universo que viaja sin cesar, un viajero de camino a nuevos viajes”.
En la misma tónica podría citarse El desvío a Santiago (1993) un libro en el que Nooteboom reunió 25 narraciones de un viaje por la España profunda.
Fue distinguido con muchos premios, el Premio Europeo Aristeon de Literatura (1993) por La historia siguiente; el Premio Bordewijk (1981); el Premio Pegasus de Literatura (1982); la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid (2003); el Premio Europeo de Poesía (2008); el Premio de Literatura Neerlandesa (2009) y el mayor premio que se concede en la literatura de viajes, el Premio Chatwin (2010). En Francia fue nombrado Caballero de la Legión de Honor y es Doctor Honoris Causa por la Freie Universität de Berlín.
Premio Formentor
En 2020, a esa larga lista se sumó el prestigioso Premio Formentor, otorgado por un jurado presidido por Basilio Baltasar y que tenía entre sus integrantes a Alberto Manguel. Eran tiempos de pandemia, y ese tribunal tuvo que deliberar por zoom en medio de las restricciones de pandemia.
Cees Nooteboom en el Filba. Foto: Marcelo Carroll.“Nooteboom es un escritor viajero que ha hecho del nomadismo una actitud filosófica, estética y espiritual que trasciende las fronteras y revela la naturaleza expansiva de los horizontes humanos”, señaló el jurado. Y definió: “Es un escritor universal que escribe con la conciencia de pertenecer a la gran tradición cultural europea. Ha vivido de cerca los espectaculares momentos de la historia de nuestro continente y lo ha contemplado desde lejos: conoce muy bien los dilemas que Europa debe resolver. Su obra es el resultado de una indagación penetrante en ese espíritu que nunca nos ha hecho tanta falta como hoy”.
Por su parte, Juan Cruz Ruiz, columnista de Clarín, escribió ahora al despedirlo: “Nooteboom ya no volverá a Menorca, la tierra que durante años formó parte de su felicidad. Dijo alguna vez que él, holandés realmente errante, le pertenecía a España. Para él este país era el balcón que miraba a América Latina. Sentía que Lisboa era la diosa de Europa. El Hierro era para él una isla importante para entender el trayecto hacia la aventura de Colón. Siempre estaba cerca de un balcón, contando cómo veía el mundo. Sus libros son un largo viaje que ya solo se puede leer”.
“Con él desaparece uno de los últimos grandes escritores europeos de la generación de posguerra, testigo privilegiado de la historia del siglo XX, un incansable trotamundos”, escribió Actes Sud, su editorial francesa. Y la municipalidad de Sant Lluís, en Menorca, donde Nooteboom residía parte del año, lamentó la pérdida de “un vecino ilustre, un hombre que supo integrarse con humildad a nuestra comunidad mientras llevaba el nombre de nuestro municipio por todo el mundo”.








