Hay dos conversaciones que explican cómo se digirió en las entrañas del Barcelona la dura derrota en el Metropolitano. La primera tuvo lugar entre dos miembros del área deportiva en la casa del Atlético, minutos antes de que comenzara el duelo de ida de la semifinal de la Copa del Rey.
“Con las bajas que tenemos y cómo está el campo, firmo el empate”, comentaron. El Barça se presentó en Madrid sin Pedri ni Raphinha. Es decir, sin el futbolista que dirige el juego ni el que ordena la presión. ¿Qué pasó en el campo? A pesar de que el cuerpo técnico de Hansi Flick sabe que Lamine Yamal no se preocupa demasiado por incomodar a los defensas rivales ni por atacar el espacio, Dani Olmo y Ferran Torres se entregaron a la apatía en un escenario, y esencialmente ante un rival, que no permite distracciones.
“En la primera parte nos han superado en todo: intensidad, ganas, actitud”, se quejó Eric García en zona mixta. Una reflexión similar a la de Hansi Flick en la sala de prensa: “No jugamos bien en la primera mitad, no jugamos como un equipo. La distancia entre unos y otros era grande. No hemos presionado. Y en los primeros 45 minutos hemos aprendido una gran lección”.
La segunda charla, todavía masticando la goleada, tuvo lugar en el autocar entre dos jugadores del Barcelona. “En cada balón cruzado nos generaban superioridad por fuera”, se quejó uno de los futbolistas azulgranas.
En definitiva, tanto para el área deportiva como para el vestuario, Hansi Flick no calculó bien la preparación del duelo ni supo corregirlo después sobre el césped. “No se puede ir a la guerra siempre. Hay que saber abordar cada partido. No todas las circunstancias son iguales. No tienes por qué cambiar el estilo de juego, pero sí conocer tus limitaciones. Una cosa es ser valiente y otra, imprudente”, analizaban este viernes por la mañana, ya más tranquilos tras la goleada, desde el área deportiva del Barcelona.
En los 97 partidos con Hansi Flick en el banquillo, el cuadro azulgrana ha encajado 116 goles: una media de 1,2 por encuentro. El Barcelona de Pep Guardiola, por ejemplo, recibía un promedio de 0,73; el de Luis Enrique, 0,81. Flick, en el Bayern campeón del sextete en la campaña 2019-2020, registró una media de 0,96: peor que la de Guardiola y Luis Enrique, pero un 20 % inferior a la que presenta al frente del Barcelona.
“No solo fue que no presionamos bien. En las transiciones siempre quedábamos cuatro contra seis del Atlético”, continuaba el mismo futbolista. El vestuario entiende que el equipo repite errores y, en definitiva, no los corrige. Flick insiste en los trabajos de presión y en la salida de balón. Sin embargo, se queda sin plan B cuando el rival le descifra el mecanismo, como ocurrió ante Diego Simeone en el Metropolitano, con Griezmann incrustado en el centro del campo y Lookman y Giuliano mordiendo a Koundé y Balde.
“En algunos entrenamientos ha probado con Balde de extremo. También podría haber jugado Cancelo en esa posición. No siempre hay que apostar por lo mismo. Se puede sorprender al rival”, rematan desde los despachos de Sant Joan Despí.
Flick no quiere (o no puede) corregir al equipo en defensa a cambio de seguir apostando por un ataque agresivo. Sufrir atrás para disfrutar arriba. Una fórmula que incluso le gusta a Simeone. Solo para verla, claro. “Es el equipo que más me divierte. Yo no intento jugar así porque ellos tienen futbolistas con otras características. El mejor entrenador es el que logra explotar la mejor versión de cada jugador”, explicaba el técnico argentino el año pasado en una entrevista en la Cadena Cope.
La fórmula, atractiva para el aficionado azulgrana (también para Simeone), le funciona a Flick cuando sus delanteros estaban inspirados o cuando el rival era de menor jerarquía. El Barcelona, por ejemplo, esta temporada pudo reponerse a los goles encajados en Praga (2-4 ante el Slavia) y rescatar un empate en Bélgica (3-3 frente al Brujas), del mismo modo que el curso pasado evitó la eliminación ante el Borussia Dortmund en cuartos (4-0 en la ida en Barcelona y 3-1 en la vuelta en Alemania).
Sin embargo, no fue suficiente para superar al Inter: en semifinales, el equipo italiano lo apartó de la final tras empatar a tres en Montjuïc y derrotarlo por 4-3 en el Giuseppe Meazza.
“Ese partido contra el Inter fue nuestro peor partido. Ahora tenemos una opción de remontar. No será fácil, pero lo intentaremos”, expuso Flick tras el correctivo del Atlético. En aquella semifinal, el Barcelona intentó 22 remates (10 a portería) por los 13 (7) del Inter. Este jueves, ante el Atlético, fueron 13 (cuatro) por los 11 (seis) de los rojiblancos. Ningún disparo alegró la garganta de los hinchas azulgrana. Un problema que se simboliza en un dato: Lamine Yamal regresó a Barcelona con cero remates a puerta.
Simeone apagó a Lamine y Flick no encontró soluciones para suplir a Raphinha y Pedri. ¿El resultado? El Barcelona se queda mudo en el Metropolitano. Un partido que no terminan de entender ni en el área deportiva ni en el vestuario. Y así lo comentaron antes y después del partido.








