SAN PABLO).-El presidente Lula da Silva ya tiene agendado su viaje a Washington en la primera quincena de marzo, para un encuentro con Donald Trump en la Casa Blanca. Y allí lo esperan con interés: está de por medio una negociación considerada estratégica para Estados Unidos, que es la minería de las tierras raras.
El subsecretario norteamericano para Asuntos Económicos y Energéticos, Caleb Orr, lo confirmó ayer en una conferencia de prensa, al indicar que consideran a Brasil “como un socio clave en el ámbito de los minerales críticos”.
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Para Lula, esa visita significará, sin dudas, un paso clave en el contexto de las elecciones presidenciales de octubre de 2026. Especialmente porque estos comicios insinúan ya una polarización parecida a las 2022, cuando Jair Bolsonaro perdió su reelección por 2,5 puntos de diferencia.
Esta vez, todo indica que la confrontación será con el hijo del ex mandatario, el senador Flavio Bolsonaro, quien ya aparece como el único candidato capaz de competirle al presidente brasileño: las encuestas le dan una distancia de 5,5% con el líder petista, en la segunda vuelta.
A comienzos del 2025, todo parecía indicar que Trump iría a respaldar a sus socios ideológicos de ultraderecha, los bolsonaristas. Pero luego de un tiempo, el presidente americano optó por dar un giro y acercarse a Lula, con quien mantuvo ya citas presenciales y varias llamadas telefónicas.
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Orr mencionó que en el tema de las tierras raras, un asunto esencial para la industria de defensa americana, hay dos proyectos en vista: uno es en Serra Verde y otro en Clara (ambos localizados en el estado de Goiás). En el caso de Serra Verde, la Corporación de Financiamiento Internacional para el Desarrollo (DFC) de EE.UU comprometió un desembolso de 565 millones de dólares, en una inversión total prevista de 3.000 millones, con el objetivo de incluir en ambas reservas mineras las etapas de procesamiento y refinamiento. En ese sentido, es muy superior a la explotación actual que sólo exporta a China los minerales en bruto.
El subsecretario norteamericano sostuvo, ante la prensa, que el gobierno de Lula es “un socio prometedor” para su país y defendió, en ese contexto, una solución beneficiosa para ambas naciones, que implique procesar y refinar las tierras raras en el propio territorio brasileño. Orr elogió la participación de Brasil en la reunión ministerial sobre minerales críticos celebrada la semana pasada en Washington, que organizó el secretario de Estado Marco Rubio.
Según Orr, la presencia brasileña se entendió como una señal positiva en el contexto de las negociaciones y el fortalecimiento de la cooperación bilateral. A esa cita asistieron delegaciones de 54 países, además de la Unión Europea, y su objetivo fue debatir formas de diversificar las cadenas de suministro y reducir vulnerabilidades externas. Orr destacó que el continente americano está “en el centro de la seguridad de las cadenas globales”, también en el suministro de litio y cobre. Mencionó además la participación de Argentina, Bolivia, Canadá, República Dominicana, México, Ecuador y Perú.
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El embajador Celso Amorim, asesor internacional del presidente Lula, decidió hablar con la prensa brasileña para aclarar algunos puntos esbozados por Orr. Juzgó como “positivas” las intenciones de Trump de invertir no sólo en la extracción de los minerales sino también en el procesamiento doméstico.
En una entrevista concedida al portal UOL, señaló que “La cuestión no es solo beneficiar los minerales. Hay tres puntos a analizar: el principal es que necesitamos definir nuestras propias necesidades, como las de la inteligencia artificial, la defensa y la alta tecnología; y a partir de allí solo exportar el excedente” declaró. Es que estas materia primas son fundamentales para el desarrollo de baterías eléctricas, chips y otros productos de vanguardia.
El Planalto tiene el tema en estudio para proponer políticas y legislación para su exploración. El segundo punto a discutir es el grado de procesamiento que están dispuestos a conceder los norteamericanos en los proyectos brasileños. Y el tercer punto, inclaudicable según Amorim, es que “no haya exclusividad. Queremos poder comerciar con todos”, subrayó, en referencia a lo que el gobierno brasileño ha visto como un intento de Estados Unidos de excluir a China de las transacciones comerciales en esta área. “La propuesta es que el refinamiento y el procesamiento se realicen en lugares económicamente viables, dentro de una lógica de diversificación”, afirmó.







