El supremo arte de los patinadores Fournier y Cizeron otorga a Francia la medalla de oro en danza | Deportes

El supremo arte de los patinadores Fournier y Cizeron otorga a Francia la medalla de oro en danza | Deportes


Todavía vestida de Zendaya en el desierto de Dune, Olivia Smart grita, puro entusiasmo y alivio: “¡Vamos!” La danza del patinaje tiene tanto de expresión artística, originalidad, tendencia a la trascendencia y emoción como de dificultad técnica, la capacidad de introducir curvas y arabescos en un diseño tan estrictamente reglamentado de sucesión de twizzles, pasos, elevaciones, serpentinas y acarreamientos en curva y rectos, y medidos al segundo los contactos, y la final de los Juegos Olímpicos en la pista de Milán es, más que nada, una pelea de sensibilidades y voluntad, vanguardia contra tradición rancia, elegancia contra tópicos. Es decir, Olivia Smart -Tim Dieck o Laurence Fournier-Guillaume Cizeron, y el resto.

Es la necesidad de ir un paso más allá, de romper, la que guía a la pareja española, que interpreta Dune II, con música de la película, uno de los mejores ejercicios de la noche (el sexto), y solo los pequeños errores del lunes en la danza rítmica les condenaron ser novenos al final, a un puesto, y solo 2,19 puntos, del octavo, que da condición de finalista y habría permitido a Smart igualar el conseguido en Pekín 22 haciendo pareja con Adrián Díaz.

Es el mismo riesgo el que conduce a los franceses, entrenados en Montreal como los españoles y muchos más por el gran gurú de la danza, el francés Romain Haguenauer. Para los españoles, el ¡vamos! feliz de Smart refleja la liberación por haber clavado el programa extraordinario, del que más décimas no se podían exprimir: 201,49 puntos, récord de España. Para los franceses, su interpretación elegantísima y complicadísimo (qué elevación en curva imposible) al ritmo hipnótico de la música de la película La ballena, la victoria mínima (por poco más de un punto: 225,82 contra 224,39) sobre lo siempre visto representado por la interpretación del flamenco, toros, castañuelas y olés estilizados, de los norteamericanos Madison Chock y Evan Bates, campeones del mundo los tres últimos años, al ritmo de una versión del Paint it Black de los Rolling y armados de las enseñanzas, juegos de manos e inspiración racial del coreógrafo español Antonio Najarro. La falda de Chock es una muleta que subyuga y derrota al toro, tan macho. Una Carmen en cierta forma, un folklore que siempre triunfa.

Campeón olímpico en Pekín junto a Gabriela Papadakis, Cizeron se convierte en el primer patinador que logra el oro con dos parejas diferentes. La conseguida con Fournier ha llegado en un solo año de trabajo en común. Fournier, canadiense que ha competido antes representando a Dinamarca y a Canadá, haciendo dúo artístico con su pareja en la vida cotidiana, Nikolaj Sorensen, quedó libre cuando este fue sancionado tras una denuncia de acoso sexual de otra patinadora. Cizeron había roto antes con Papadakis, con quien llevaba patinando desde niño. La relación tan feliz, la compenetración íntima, que se muestra en el hielo contrasta con la relación de poder y de representación verdadera, explicó Papadakis en un libro, en el que refleja los problemas mentales que le supuso su trabajo en común con Cizeron. Como en el teatro, todos los tormentos emocionales conducen, inexplicablemente, a la más pura interpretación, y a la emoción instantánea y permanente.