Caicedo aprovechó la única clara del partido para celebrar en el clásico ante San Lorenzo

Caicedo aprovechó la única clara del partido para celebrar en el clásico ante San Lorenzo

Puede venir de un mal arranque. Puede tener mil dudas. Pero con una sola certeza le alcanza a Huracán: cuando el clásico de barrio más grande del mundo se juega en su cancha, es difícil que se le escape. San Lorenzo no puede con su vecino de toda la vida cuando se cruza de Boedo a Parque de los Patricios. Y eso que venía con el pecho inflado de confianza por dos victorias consecutivas. No hubo caso, El Globo, que no había ganado en el Torneo Apertura (dos empates y una caída), le frenó el envión con un 1 a 0 que alargó la racha en el Tomás Adolfo Ducó: no pierde en este estadio ante San Lorenzo desde 2017 (ocho cotejos: cuatro victorias y cuatro empates).

¡Pum, para arriba! La pelota anduvo más por el cielo porteño que por el césped del Ducó. Y por más que suene paradójico eso no favoreció ni al Globo de Newbery ni a los Santos de Boedo. Más pelea que juego, más discusión que ideas, más empujones y topetazos que pases y gambetas. Huracán y San Lorenzo jugaron un duelo como Huracán y San Lorenzo: friccionado, luchado y con pocas llegadas. Nadie quiso regalar nada y el espectáculo brilló por su ausencia.

Empujón va, empujón viene, los muchachos se entretenían adentro de la cancha mientras que los hinchas, los quemeros en las abarrotadas tribunas del estadio y los cuervos desde el sillón, trataban de no desesperar por tan poco fútbol a la vista. No hubo un solo tiro entre los tres palos de ninguno de los dos arcos en todo el primer tiempo.

Diego Martínez amagó con cambiar el esquema en la semana, pero finalmente no abandonó su 4-3-3 predilecto. Y fue más de lo mismo desde la fluidez aunque, es cierto, con algo más de ímpetu por tratarse de un derby. Y Damián Ayude tocó lo justo y necesario para darle continuidad a un equipo que venía de dos triunfos consecutivos luego del debut con derrota. Apenas suplantó al desgarrado Jhohan Romaña con Fabricio López y así pasó a Ezequiel Herrera a la zaga central.

Eso sí, a diferencia del partido ante Central Córdoba, centralizó al pibe Facundo Gulli a su posición natural de enganche. De todos modos, la vio pasar el ‘10’ azulgrana porque abundaron los pelotazos a dividir y escasearon las sociedades, los pases filtrados o alguna conexión entre líneas que marque la diferencia.

La primera pelota que fue bien dirigida al arco, fue gol. Y fue del local, que durmió a su rival de un lateral cuando el cronómetro no llegaba a los 5 minutos del complemento. Reaccionaron tarde en la defensa azulgrana. Federico Vera sacó de manos rápido para Emmanuel Ojeda, que recibió solito al borden del área y mandó un buen centro . Jordy Caicedo la vio venir, se acomodó, le ganó a la marca de Ezequiel Herrera y cabeceó cruzado para agarrar a contrapierna a Orlando Gill que aunque estirara su larga humanidad no alcanzó a evitar que tocara la red.

Fue el cuarto gol del ecuatoriano en cuatro fechas y generó la explosión en el Palacio, que se unió en un grito de desahogo como hacía mucho tiempo no sucedía.

Ayude había puesto a Gregorio Rodríguez, autor del gol del sábado pasado, por un improductivo Gulli en el entretiempo. Pero si con el resultado en cero le costó elaborar, con el 0-1 se le cerraron mucho más los espacios. El empuje del incansable de Alexis Cuello casi logra el empate, pero la bola dio en el palo.

Ni el ingreso de Luciano Vietto, ni de Diego Herazo o del explosivo juvenil Agustín Ladstatter pudieron encontrar claridad para dar vuelta la historia. Ayude acumuló delanteros, lo fue a buscar ante un Huracán que se aferró al marcador a su favor. No obstante, Hernán Galíndez no se tuvo ni que esforzar porque los ataques rivales fueron pelotazos limpios.

Al menos por un rato, poco le importa a Huracán la gigantesca diferencia que le lleva el Ciclón en el historial (38 encuentros, incluyendo el amateurismo). Disfruta de someter a su eterno contrincante cada vez que hace de anfitrión. Y se regocija porque, en total, hace siete clásicos que no pierde: dos triunfos y cinco empates.

Salta todo el Ducó. La fiesta volvió a Parque de los Patricios.