“Si reflexionás y devolvés las cosas, capaz que vivís hermano y podés criar a tus hijos”. El mensaje fue clarísimo y preocupó al uruguayo Javier Sturm Jardón (42). “Estoy metido en un problema grande”, le confió a un amigo. Era octubre de 2024. Dos días antes habían matado de 9 balazos, en Pilar, a su amigo y socio Marcelo González Algerini (36, uruguayo, alias “Pinocho”). Ahora le mandaban amenazas a él. Y Sturm Jardón sabía que lo habían ido a buscar al boliche “Cocodrilo”.
El uruguayo tenía miedo, y con razón. Apenas un mes antes, él y González Algerini le habían robado una importante cantidad de dinero y drogas a un conocido -también uruguayo y killer de una banda narco. Entraron a su casa de Pilar, se llevaron el botín e intentaron matarlo: le dispararon 17 veces pero fallaron. Ahora venía la venganza.
“Vayas donde vayas te vamos a picar. No hay donde te escondas, ya sabemos en qué barrio vivís, en qué autos andas, sabemos todo. Está fuerte el loco para hacerte picar en cualquier lugar que vayas”, agregó el hombre que mando el mensaje de audio.
El 12 de diciembre de 2024 a las 0.51 Sturm Jardón bajó de un auto y estaba a punto de entrar a su edificio (Paraguay 2900, Recoleta), cuando un hombre con peluca se le acercó y lo remató de siete tiros. El arma -una 9 milímetros Glock con la numeración limada- fue encontrada dentro de un auto en la zona del Abasto, al día siguiente.
Así se comprobó que la misma pistola había sido usada, con apenas un mes de diferencia, en los homicidios de González Algerini y Sturm Jardón.
Claramente fue un ajuste de cuentas narco. Para más datos: González Algerini estaba prófugo en una causa del juzgado Federal 2 de Lomas de Zamora en la que, el 4 de julio de 2024, se habían secuestrado 785 kilos de cocaína en Caviahue, Neuquén. Además, en su celular se encontraron imágenes de bolsos estancos similares a los que el 22 y 23 de enero de 2024 aparecieron en la costa de Ensenada con 313 kilos de cocaína.
Todo apuntaba a una historia asombrosa, que se confirmó cuando la Justicia y en especial la Procunar (Procuraduría de Narcocriminalidad) logró identificar al sicario, que se manejaba con un DNI falso. Se trataba también de un uruguayo que se había escapado de una cárcel de Montevideo en 2022 y usaba la identidad de otro preso.
El asesino fue identificado como Rodolfo Nicolás Caraballo Escobar (32, alias “Sobrino”). Cuando le cayó la orden de captura se fugó a Brasil pero fue detenido en Florianópolis. Lo extraditaron a Argentina en enero pasado. Esta semana los fiscales federales pidieron su procesamiento por “doble homicidio agravado por precio o promesa remuneratoria y ensañamiento, falsificación de documento y robo”, y se cree que el lunes será procesado, con prisión preventiva, por el juez federal de campana Adrian Gonzalez Charvay ya que ese día vencen los plazos procesales.
El primer capítulo de esta seguidilla de muertes ocurrió el lunes 25 de septiembre de 2024. Poco después de las 22, el móvil 55521 del Comando de Patrullas de Pilar fue enviado a la calle Las Camelias al 2300 porque los vecinos habían reportado una serie de disparos. Cuando llegaron, se encontraron con un hombre que se identificó con un pasaporte uruguayo a nombre de Joaquín Andrés Amoros Sanguinetti, de 27 años.
Pese a no tener ocupación declarada, el joven vivía en una linda casa a la que acababa de llegar en su auto BMW modelo M235i (valor: unos 80 mil dólares). Fue entonces cuando lo quisieron matar, según quedó registrado en la cámara de seguridad de su vecino.
Amoros Sanguinetti (luego se descubriría que usaba una identidad robada) detuvo su BMW y de la nada le apareció un Jeep Renegade negro (sin patente). Él declaró que le quisieron robar el auto, pero la Justicia está segura de que lo quisieron matar. Cuando empezó a correr le dispararon 17 veces.
“Se desprende con meridiana claridad que Caraballo Escobar asesinó con disparos de armas de fuego a González Algerini y a Sturm a raíz de un robo previamente llevado a cabo por las victimas en relación a la ‘mercadería’ o dinero perteneciente a un tercero. Este tercero pactó con Caraballo Escobar un precio sobre sus vidas”, dice el dictamen firmado por la Procunar y el fiscal federal de Campana Sebastián Bringas.
En otras palabras, aunque el robo fue en la casa de “Sobrino”, lo robado –”mucha droga y dinero”, según un testigo de identidad reservada– pertenecía a su jefe que le encargó la venganza. ¿Quién es este jefe? Aun está en investigación, pero se sabe que es uruguayo. El testigo de identidad reservada contó en la causa que Caraballo Escobar “nada más iba a hacer su trabajo, que era matarlos por haberse llevado cosas que no eran de ellos. Le pagaron”.
“Sobrino” quedo sepultado en pruebas que lo incriminan. Y todo parece indicar que pasará largo tiempo en el Modulo VI de Ezeiza, aislado en el sistema de Alto Riesgo. Pero su caso muestra un fenómeno más amplio e inédito: la presencia cada vez más frecuente de bandas narco uruguayas operando en la Argentina.
El dato es alarmante si se toma en cuenta que uno de los traficantes más pesados y escurridizos de la región es el uruguayo Sebastián Marset (34) por el que el Departamento de Estado de los Estados Unidos ha ofrecido una recompensa de dos millones de dólares.








