La industria textil de Argentina vuelve a ser centro de una discusión feroz y reiterada. El sector se encuentra frente a una tensión muy difícil de resolver: salvar miles de empleos y la justa demanda de los consumidores por productos y servicios más baratos.
Las recientes declaraciones del Ministro de Economía, Luis Caputo, no hicieron más que reavivar el fuego, cuando en una entrevista hizo referencia a que los precios de la ropa local “Yo no compré nunca en mi vida ropa en Argentina porque era un robo” a tiempo que agregó que los precios eran de cinco a diez veces más baratos en el exterior. De manera similar, Manuel Adorni, Jefe de Gabinete, propuso que el estado favorezca a los 47 millones de argentinos en lugar de la protección industrial a la industria téxtil, argumentando que si un nuevo par de jeans cuesta 100 dólares aquí pero podría importarse a 25 dólares, esa diferencia se usaría para impulsar el consumo y revitalizar otros sectores de la economía.
En este punto, es importante reconocer que el sector textil es un pilar importante del tejido productivo nacional. Según estimaciones oficiales emplea en forma directa o indirecta a 539.000 trabajadores, representando alrededor del 2.8% del empleo total en la economía. Asimismo su distribución en el mapa es verdaderamente federal y en provincias como Catamarca y La Rioja, alrededor del 40% del empleo industrial privado depende directamente de esta actividad.
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Además, este sector tiene la singularidad de contar con una cadena de valor completa que se extiende desde la producción primaria de fibras hasta el desarrollo y comercialización de marcas de renombre regional.
Para encontrar cierto equilibrio en nuestro debate, debemos reconocer una realidad angustiante: los precios locales son exorbitantes. Las investigaciones muestran que la ropa en Argentina puede costar hasta un 22 por ciento más que la ropa en Brasil, a pesar de las líneas arancelarias comunes. La industria textil ha estado durante mucho tiempo dentro de un régimen altamente protegido con algunos de los aranceles más altos del mundo.
Alrededor del 50 por ciento del precio final de una prenda premium es atribuible a impuestos”
En ese sentido, varios empresarios han comenzado a asumir públicamente parte de la responsabilidad al reconocer que al calor de los períodos inflacionarios aplicaron aumentos por encima de sus costos reales, mientras la demanda estaba presente.
Más allá de eso, no se debe culpar completamente a los empresarios. El llamado “costo argentino” es una carga invisible pero dura; alrededor del 50 por ciento del precio final de una prenda premium es atribuible a impuestos. A esto se suman problemas estructurales ampliamente conocidos: costos logísticos altísimos —es más caro enviar mercancías desde Catamarca a Buenos Aires que importar contenedores desde China— y alquileres dentro de centros comerciales que se multiplican varias veces en relación con mercados como el de Estados Unidos.
La competencia internacional, también, está profundamente desequilibrada; un trabajador textil argentino gana alrededor de 1.000 dólares al mes, mientras que el salario equivalente en Bangladesh es de 135 a 140 dólares y de 300 a 440 dólares en Vietnam. Esta enorme brecha salarial, estas vastas escalas de producción y leyes ambientales más laxas en Asia perjudican al sector doméstico frente a la moda ultrarrápida.
Cabe detenernos un momento en la afirmación de Adorni, es cierto que la importación de un jean no resulta automáticamente en la muerte inmediata de un empleo; sin embargo, la evidencia dice que hay otro lado más oscuro. La caída en las ventas —que alcanzó el 7.7% en el segundo trimestre de 2023— junto con los grandes cierres ha agravado los impactos adversos directos e irrecuperables en el empleo: En los últimos dos años, entre 14,000 y 17,700 empleos registrados han desaparecido y entre 380 y 500 empresas que operan en la línea de producción han cerrado.
Necesitamos de manera urgente alcanzar un entorno verdaderamente competitivo; necesitamos una conversación no solo sobre la apertura de políticas de importación, sino sobre el desmantelamiento de esa opresiva presión fiscal sobre la producción formal, que eleva artificialmente los precios en este entorno. Al mismo tiempo, los empresarios deben descartar conductas abusivas, lograr una mayor eficiencia y hacer claras las cadenas de costos para minimizar lo que se consideran márgenes sociales o económicos insostenibles.
Con su dinamismo, diseño, producción especializada y sostenibilidad, las pymes italianas representan más del 60% de sus exportaciones”
Finalmente, cabe remarcar que incluso a precios más bajos, las empresas necesitarán reconfigurarse, cambiando su enfoque a nichos con valor agregado superior porque no podrán competir efectivamente contra los gigantes asiáticos en términos de volúmenes masivos —esa batalla está perdida. El caso peruano proporciona ejemplos concretos de rutas potenciales; el algodón Pima construyó una marca basada en una calidad reconocida globalmente que podría competir viablemente manteniendo sus precios bajos, al igual que la ropa hecha de alpaca ha encontrado un nicho y se puede encontrar en todo el mundo gracias a sus claros atributos diferenciales —no protección perpetua, sino identidad productiva, especialización y valor agregado.
Por características históricas propias y de comportamiento del sistema productivo argentino, nuestro desafío es construir y fortalecer las pymes, un ecosistema compuesto por miles de pequeñas empresas y talleres involucrados en la exportación textil global; nuestro ejemplo o modelo a seguir no es EE. UU. o China, sino países como Italia, con pymes cuyo dinamismo, diseño, producción especializada y sostenibilidad, representan más del 60% de sus exportaciones. Así, el destino de la industria textil argentina dependerá de si puede o no escapar de la protección eterna, aceptar la demanda de reconversión, encontrar su lugar en el panorama competitivo y desarrollar una verdadera competitividad sobre la base del trabajo, el rendimiento y el valor agregado, evitando distorsiones que amenacen todo el sistema productivo.








