—Compré un kilo de morrones rojos. ¿Qué puedo hacer?
—Con un kilo de morrones rojos tenés un tesoro. Te dejo ideas versátiles, pensadas para cocinar una vez y usar en varias comidas (muy batch cooking friendly), y con un tono más de cocina real que de receta rígida.
Para la generación que creció coleccionando los fascículos de Clarín de la gran Blanca Cotta y mirando los programas de El Gourmet, sumergirse en el chat GPT para cocinar es lo más parecido a usar Waze por primera vez. Implica un acto de confianza ciega, casi de fe, ponerse en manos de alguien que te diga qué hacer sin saber realmente qué está del otro lado.
No es lo mismo que la receta en el televisor ni en la hoja de papel, ni siquiera la del influencer de turno que ahora enseña a hacer un pollo con papas en 10 segundos de reel con cambios de planos furiosos. El chat parece conocerte. El resultado puede ser visto como positivo (me da recetas con lo que me gusta) o negativo (me da recetas solo con lo que me gusta). Como en tantos otros usos, ¿hay polémica también en el uso del bot en la cocina? Spoiler: la respuesta es sí.
Permítame, amigo/a lector/a, tomar la primera persona del singular por un ratito y decir que me gusta cocinar y que cocino mucho. También, que me preocupa cocinar sano y que me niego a resignar sabor. Y que colecciono recetas a lo María Callas —la mítica soprano que recopilaba platos que jamás iba a comer— en distintos formatos, desde libros, recetarios, fascículos, e-mails, papelitos sueltos, colecciones en sitios como Clarín Recetas, 800.000 reels guardados… Necesitaría 5 vidas para hacerlas todas. Y encima, ahora, el chat GPT.
Volviendo a los morrones de la consulta, me respondió lo siguiente (todo con su respectivo paso a paso y con emojis diversos, claro):
1. Morrones asados clásicos (base de mil platos)
2. Crema de morrones asados
3. Morrones confitados (lujo simple)
4. Salsa roja “distinta”
5. Muhammara (pasta siria)
A todo le puso ajo, aceite de oliva y pimentón. Raro fue que no le mandara anchoas, como me pasó cuando le consulté qué hacer con unos brócoli y unas berenjenas. El chat identificó rápido qué me gusta. Hasta ahora, no se le ocurrió nunca sugerirme que use un tofu.
A Natalia le pasa lo mismo: le suele devolver ideas muy parecidas. “Le digo que esa receta no, que me dé otra”, cuenta. Tiene 39 años y lo usa diariamente para organizar las comidas de su familia de tres, con su esposo y su hija de cuatro años. “Le hice un prompt con mi peso, mi edad, mi altura y los valores de vitaminas que me dieron bajo en los estudios médicos”, dice, y explica que lo usa como aliado en el seguimiento con su nutricionista.
“La nutricionista me dio el típico papel que dice ‘carne con ensalada’ y no sirve para nada, porque me obligaba a tener la mercadería que decía el papel. Yo quería cocinar con lo que tenía en mi casa. El plan alimentario me obligaba a adaptarme al menú y yo quería que el menú se adapte a mí”, explica.
Así, día a día le saca una foto a lo que tiene en la heladera y se sube a la conversación anterior para pedirle al chat que le arme la cena y también que de eso pueda sacar la vianda para el colegio de su hija del otro día y parte de la comida de la noche siguiente.
Se ve mejor con un ejemplo: “Anoche hice una bondiola de cerdo con ensalada de tomate y huevo, y papas al horno. Para la vianda de hoy me dio como idea un revuelto con papas, huevos y arvejas. Y para la cena, rapiditas con parte de la bondiola”.
A priori, uno podría presuponer que el chat puede ayudar a comer mejor. ¿Es así? Laura Salzman, presidenta del Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires, dice que esta pregunta toca el núcleo de la relación entre tecnología y comportamiento humano.
“Los chatbots de IA pueden mejorar nuestra forma de comer, pero también tienen un riesgo significativo de reproducir o incluso amplificar nuestros sesgos. El resultado depende crucialmente de cómo se diseñen, entrenen y utilicen”, introduce.
La especialista explica que la IA puede ayudar a explicar conceptos complejos (índice glucémico, grasas saludables) de forma sencilla y adaptada al nivel del usuario y a leer etiquetas: en este sentido, sugiere enviarle una foto y pedir que señale posibles aditivos o excesos de azúcar y sal.
Y, claro, en la planificación de comidas y listas de la compra: “Eso te ayuda a generar planes semanales basados en objetivos (adelgazar, ganar músculo), alergias, presupuesto y preferencias, reduciendo la decisión impulsiva”, señala.
También, como en el caso de Natalia, pueden ofrecer “recetas para ‘salvar’ un día en el que no se tiene nada preparado”. “Representan la posibilidad de reducir la carga mental: como usuarios nos liberan de tener que investigar y planificar constantemente, haciendo que una alimentación saludable sea más accesible”, sostiene.
Una nota publicada hace unos meses en el New York Times contaba que ya hay restaurantes en Estados Unidos que están empezando a usar la IA para crear recetas e incluso menús. Aquí, Narda Lepes dice que no lo usa para tomar recetas pero sí “a veces, si quiero hacer por ejemplo un plato vietnamita, le pido que me busque recetas de distintas regiones y que me diga las diferencias de esas regiones para entenderlas. Lo uso para cosas muy específicas, no para una receta en sí”.
Pero, advierte la chef, “no le diría a la gente que le pregunte qué comer. Porque cuando querés datos muy de análisis en ese sentido, tenés que ser muuuuuy bueno haciendo el prompt”. Porque el mundo online, advierte, está lleno de informaciones falsas “y últimamente los que más escriben son los que ponen cualquier cosa”. Por eso explica también suele recomendar siempre cosas parecidas.
“Porque está inundado de lo mismo. Es por volumen, no por calidad. Por eso si le pedís una receta, tenés que decirle estoy en tal época, mi background cultural es este, me interesa esto… No ‘Decime cosas para hacer’. Cuanto más específico sos, vas a tener respuestas más eficaces”, dice Narda. Y como el prompt requiere un orden para funcionar, recomienda “mirarse un par de tutoriales para hacer un prompt bien y que te sirva”.
Salzman coincide: “Hay que ser específicos en las preguntas. En lugar de ¿cómo comer sano?”, preguntarle ‘¿Qué merienda alta en proteína puedo preparar en 5 minutos con huevos y palta?’ y luego contrastarlo con nutricionistas matriculadas/os”. Descarta el uso de esta herramienta para manejar condiciones médicas o trastornos alimentarios, enfatiza que no son nutricionistas y terapeutas y los define como un recurso “para democratizar la educación nutricional y simplificar la logística de comer bien”.
Clarín consultó a OpenAI y Google para consultar datos de cómo los argentinos están usando sus inteligencias artificiales para cocinar, pero respondieron que no cuentan con esa información específica, aunque sí refirieron en general un aumento del interés de los usuarios locales en sus bots conversacionales. Por lo que se ve, hablamos mucho con el ChatGPT y con Gemini. Y muchos le hacemos la pregunta que, en otros tiempos, solo torturaba a nuestras madres: “¿Qué hago hoy de comer?”.








