El fútbol argentino experimentó una transformación radical a principios de los años 40. River Plate consolidó una formación que, más allá de los títulos obtenidos, quedó grabada en la memoria colectiva por su despliegue estético. Aquel equipo fue bautizado como “La Máquina” tras una gran victoria.
La denominación surgió del ingenio del periodista Ricardo Lorenzo, conocido como Borocotó, en las páginas de la revista El Gráfico. El cronista utilizó el término para describir la precisión matemática y el funcionamiento aceitado de un conjunto que parecía jugar de memoria en el campo.
La decisión que tomó Marcelo Gallardo con Kendry Páez: ¿cuándo podría ser su debut en River?
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
La estructura ofensiva se apoyaba en cinco nombres propios que redefinieron sus puestos. Juan Carlos Muñoz, José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera, Ángel Labruna y Félix Loustau conformaron el ataque más célebre. Cada uno aportaba una característica técnica distinta al servicio del grupo.
Adolfo Pedernera fue el cerebro estratégico de este engranaje. Su retraso en el campo como “centroforward” fue una innovación para la época, permitiendo que los interiores se proyectaran al vacío. Esta variante táctica confundía a los defensores rivales de un modo nunca antes visto.
José Manuel Moreno, apodado “El Charro”, es considerado por historiadores como uno de los jugadores más completos de la historia. Poseía una capacidad física envidiable, un salto potente y una técnica refinada que le permitía dominar ambas áreas, uniendo el mediocampo con el ataque.
Ángel Labruna aportaba la cuota de gol necesaria para capitalizar el juego asociado. El máximo artillero histórico de la institución aprovechaba los espacios generados por Pedernera. Su intuición dentro del área y su remate seco fueron fundamentales para obtener los campeonatos locales.
En los extremos, Muñoz y Loustau garantizaban amplitud y velocidad. Juan Carlos Muñoz era el wing derecho clásico de desborde preciso, mientras que Félix “Charlie” Loustau revolucionó la banda izquierda con un despliegue físico que le permitía colaborar activamente en la recuperación.
El legado táctico de Renato Cesarini y Carlos Peucelle
Detrás del brillo de los futbolistas, existió una planificación intelectual dirigida por Renato Cesarini y Carlos Peucelle. Ambos técnicos fomentaron la libertad de movimiento y el intercambio de posiciones, conceptos que años más tarde serían la base del fútbol total neerlandés.
El estadio Lusail, donde Lionel Messi se coronó campeón, Argentina y España buscarán la gloria
Según explica el historiador Diego Estévez en su libro 38 Campeones de River Plate, este equipo no buscaba la verticalidad obsesiva, sino la tenencia del cuero como herramienta defensiva y ofensiva. El pase corto y la rotación permanente eran los pilares de su filosofía deportiva.
La influencia de Carlos Peucelle fue determinante en la formación de los juveniles. El exjugador creía fervientemente en el trabajo de divisiones inferiores, lo que permitió que el recambio generacional no afectara el rendimiento del primer equipo durante gran parte de la década del 40.
Es pertinente destacar que esta delantera solo jugó junta en un número limitado de partidos oficiales, aproximadamente 18 encuentros. Sin embargo, su impacto fue tan profundo que la alineación se recitaba de memoria en todos los estadios del país como un mantra futbolístico.

El debut de este quinteto completo ocurrió el 28 de junio de 1942 ante Platense, con un triunfo por 1 a 0. Desde aquel momento, el público comenzó a asistir a las canchas no solo para ver ganar a su equipo, sino para apreciar el espectáculo técnico que brindaba el conjunto millonario.
La versatilidad de sus integrantes permitía que el sistema 2-3-5, estándar de aquel tiempo, se transformara en una dinámica de múltiples volantes. Esta movilidad constante obligaba a los equipos rivales a abandonar sus posiciones fijas, generando huecos que River aprovechaba con rapidez.
Dante Panzeri, reconocido analista, destacó en sus escritos que La Máquina representó el triunfo del juego colectivo sobre la individualidad aislada. Para el periodista, River Plate lograba una armonía estética que elevaba al fútbol a la categoría de arte popular sin perder eficacia.
“Fútbol Libre” en 2026: las 3 alternativas para ver los partidos sin cortes
A nivel de títulos, este proceso se tradujo en las conquistas de los campeonatos de 1941, 1942 y 1945, además de varias copas nacionales. La hegemonía deportiva se mantuvo firme frente a grandes rivales como el Boca Juniors de Lazzatti o el Racing Club, que asomaba a finales de década.
El fin de esta era comenzó a gestarse con la transferencia de José Manuel Moreno al fútbol mexicano y la posterior huelga de jugadores de 1948. Muchos integrantes del plantel emigraron hacia Colombia, integrando el fenómeno conocido como “El Dorado”, cerrando un ciclo irrepetible.
La vigencia de este equipo se mantiene a través de las décadas como el estándar de calidad del fútbol argentino. La Máquina no fue solo un periodo de éxito, sino la institucionalización de una identidad basada en el buen trato de la pelota y la inteligencia aplicada al juego.








