Colombia se encamina a cerrar 2025 con un mercado laboral que ha sido la gran sorpresa económica del año tras alcanzar tasas de desempleo en mínimos históricos desde que hay registros en 2001. El DANE ha entregado este martes el penúltimo dato del año y en este se ve que el desempleo cierra noviembre en un 7%, una caída de 1,2 puntos porcentuales frente al mismo mes en 2024. En la rueda de prensa la entidad estadística destacó que el dato de ese mes del año es el más bajo medido en toda la serie de este 2025. Los ocupados en noviembre son 24,6 millones, con un repunte en obreros y trabajadores por cuenta propia. La población fuera de la fuerza laboral se situó en 14,4 millones de personas, de las cuales más de la mitad se dedica a oficios del hogar.
En total, el país registra 13,6 millones de ocupados informales, con una variación anual de 4,6%, empujada sobre todo por los centros poblados y rural disperso. En el segmento formal, los ocupados alcanzan los 10,9 millones, con una variación anual de 3,7%, donde las ciudades y las áreas metropolitanas aportaron el mayor crecimiento de este segmento. El dato de este martes confirma un cambio inédito, según ANIF: la caída del desempleo en 2025 no se debe a que menos personas buscaron trabajo —como ocurrió en 2024, cuando la oferta laboral se redujo—, sino a que este año la economía absorbió más mano de obra gracias a un repunte en la demanda de empleo. En otras palabras, no es menos gente buscando, sino más empresas contratando.
La tasa de ocupación llegó a 60,2% en noviembre y la participación laboral a 64,7%, lo que indica que más colombianos se integraron al mercado y, a su vez, una mayor proporción consiguió empleo. Para ANIF —que proyecta un cierre de la tasa de desempleo del 9,2% para este año—, el cambio es positivo, pero plantea el reto de sostener el ritmo de contratación, que será clave para consolidar los avances, sobre todo porque el empleo informal sigue absorbiendo buena parte de la demanda en la temporada decembrina.
Durante los primeros ocho meses del año, el país logró niveles de desempleo no vistos en décadas. Corficolombiana señala que la tasa nacional promedió un 9,4%, superando incluso el registro de 2015, que hasta ahora había sido el mejor resultado de este siglo. BBVA Research atribuye esta dinámica a un consumo final resiliente, sostenido por la creación neta de empleo y la recuperación de los salarios reales.
Pero la foto completa revela una paradoja: hay menos desempleo, aunque también una menor proporción de colombianos trabajando frente a la población en edad de trabajar. La tasa de ocupación se mantiene en 58,2% en promedio anual, por debajo del 60,8% de 2015, mientras la inactividad creció hasta 35,8%, lo que equivale a 3,4 millones de personas adicionales fuera del mercado. A este cuadro se suma el ajuste regulatorio en la jornada laboral, que redujo las horas trabajadas por ocupado. Corficolombiana calcula que se incorporaron cerca de 787.000 trabajadores adicionales para compensar la pérdida de tiempo laboral. El resultado: la productividad por trabajador cayó un 3,1%, señal de que el mismo volumen de trabajo se reparte entre más personas.
El optimismo del momento también convive con la tensión generada por el aumento del salario mínimo, sin precedentes, del 23%. Los críticos al gobierno dicen que esa subida puede afectar la creación de empleos e incluso reducirlos. David Cubides, economista jefe en Banco de Occidente, advierte que este equilibrio es frágil. Aunque el desempleo no se deterioró drásticamente al cierre del año, el analista prevé que el mercado se resentirá en 2026 ante mayores costos de contratación, la entrada en vigencia de la reforma laboral y propuestas de incrementos tributarios. También alerta sobre la brecha social del nuevo ajuste salarial: el incremento del 23,8% aplica a unas 2,4 millones de personas, mientras que más de 11 millones ganan menos de esa base en la informalidad, lo que podría ampliar la distancia entre trabajo formal e informal.
El presidente Gustavo Petro y su ministro de Trabajo, Antonio Sanguino, han defendido la medida del aumento del salario mínimo como un paso hacia la dignidad familiar, pero el sector técnico y empresarial la considera un desvío histórico frente al referente calculado con inflación y productividad. La brecha entre el aumento decretado y el incremento sugerido por la fórmula técnica es de 17,5 puntos porcentuales, la más alta en dos décadas.
Las alertas macroeconómicas se encendieron durante toda la noche del lunes. Bancolombia estima que el ajuste podría añadir cerca de 242 puntos básicos a la inflación anual, obligando al Banco de la República a iniciar un ciclo alcista de tasas que podría llevarlas por encima del 10%. Camacol, por su parte, advierte que el precio de la vivienda de interés social, definido en salarios mínimos, subiría hasta un 10%, expulsando del mercado a miles de hogares.








