40 años marcando tendencia en la moda

40 años marcando tendencia en la moda


A lo largo de sus 40 años como empresaria de la moda, Adriana Costantini (74) supo surfear las olas del mar argentino, con sus mareas y tsunamis, con vientos a favor y de los otros. Hoy la palabra es resiliencia y, la imagen, la del Ave Fénix, símbolo del renacimiento y la superación.

Capacidad para reinventarse, agallas para seguir y resurgir, apostar al trabajo con pasión y no perder la mirada positiva, fueron y son los pilares que sostienen su propia historia. Estamos en su casa central de la calle Echeverría (barrio de Belgrano), días previos al desfile que presentará en el Palacio San Miguel el 28 de agosto.

Bella, conserva el encanto de aquel verano del ‘73 en que un fotógrafo le hizo fotos a instancias de su padre. Tiene la misma sonrisa que mostró como chica de tapa cuando fue elegida Miss Siete Días. Fue modelo, trabajó en televisión, pero siempre se proyectaba con un trabajo independiente. Atravesó la viudez con 58 años y, después, el nido vacío, cuando sus hijos se mudaron a Bariloche y se quedó sola en su casa de San Isidro.

Viajó a la India, se rodeó de grandes amigas como Graciela Borges, Evelyn Scheidl, Marcela Tinayre. Volvió a enamorarse de Rómulo Pullol, productor audiovisual, a quienes sus cinco nietos llaman Tata. Su propia imagen y su proactividad fueron decisivas para abrirse paso y hoy celebra cuatro décadas. Para ella, “la moda es un sentimiento”.

Evolución. Con los años, la diseñadora supo reconvertirse: de modelo a empresaria, de fábrica propia a sistema de licencias. En sus campañas publicitarias sumó a Ingrid Grudke, Evelyn Scheidl, Fabiana Araujo y Graciela Borges. Foto: Adriana Constantini

Sentir la moda

“Vengo de una casa donde mi mamá era muy fashion, lo mismo que mi tía. Eran dos mujeres coquetas y arregladas, siempre con labios pintados y colorete, como decían. De mamá pintora y papá arquitecto, heredé el gusto por la estética. En 1973 empecé a trabajar con agencias de publicidad que eran las que contrataban, porque no había agencias de modelos. Buscaban un perfil definido y había poco casting. Fui modelo publicitaria; por la altura, no daba para la haute-couture. Hice desfiles de jeans, trajes de baño, ropa interior y pret-a-porter.”

“Fui modelo de calce para varias marcas de jeans, porque tenía proporciones excelentes -¡no sé dónde las dejé! (risas)- y ahí fue cuando me fascinó la moda. Me encantaba observar a la modelista. Trabajé con estas pruebas para Awada, Elsa Serrano… Mientras probaba calces de jeans, conocí al papá de mis hijos, Néstor Ferrari, que estaba en Levi’s. Después se independizó y trabajamos juntos; trajimos marcas de Europa y vendimos a toda Latinoamérica.”

“Tuve a mis chicos, Guido (47) y Bruno (46). También hice televisión, daba el pronóstico meteorológico y, en el programa Café con Canela, presentaba un micro de moda. Canela me pidió que la asesorara con el vestuario y ahí más me enamoré de la ropa.”

“Así, cuando dejé de modelar y los chicos entraron a la primaria, decidí hacer ropa. En aquel momento había confección y yo no había estudiado porque no estaba la carrera de Diseño. Con el empuje de mi marido y una amiga, Isabel Resta, empezamos.”

“¡Nos salió bien! Nos rodeamos de gente idonea y nos pusimos en las oficinas 104 y 105 del Hotel Alvear, antes de su reforma. Mandé cartas a las personas para quienes había desfilado, diciendo que ya no era más modelo, que fabricaba ropa y los esperaba.”

“Definí que haría pret-a-porter, jeans y trajes de baño. Y, sin dudar, mi nombre fue mi marca. Al principio hacíamos todo solas. Y fuimos con el percherito, con pocas prendas, a Imagen Moda, el 19 de septiembre de 1985. Un éxito total, vivido con mucha alegría. Al principio miraba revistas, recortaba las fotos que me gustaban y mandaba confeccionar las prendas. “

“Los cambios son una realidad y los acompañamos. Siempre me gustaron los desafíos”, afirma de cara a una industria mutante y un nuevo tipo de consumidor. Foto: Adriana Constantini“Los cambios son una realidad y los acompañamos. Siempre me gustaron los desafíos”, afirma de cara a una industria mutante y un nuevo tipo de consumidor. Foto: Adriana Constantini

“Pura intuición. Pero siempre tuve muy claro qué quería hacer y para quién. Y cuando Elsa Serrano se dedicó de lleno a la alta costura, me dije ésta es la mía, para avanzar con el pret-a-porter. Ahí me metí con la sastrería. Hice sola las líneas de jean, bijouterie, trajes de baño. Hubiera querido diversificarme más. Con la ropa interior no me fue tan bien, porque lo que hacía era de mucho nivel, pero no era comercial. También hice carteras y zapatos, pero no eran lo mío.”

Con la marca impuesta

“El posicionamiento fue a principios de los ‘90 y con los jeans. Porque estaban solo Gloria Vanderbilt y Levi’s. Yo sabía cómo hacer jeans más femeninos, Néstor conocía el rubro y tenía muchos contactos. Me abrieron las puertas en una fábrica en Pergamino y fue revolucionario, porque no hice solo denim y sumé gabardina, poplin…”

“En ese momento encontraba mano de obra calificada que me decía todo que sí, que se podía hacer lo que yo pedía. ¡Todos los oficios dispuestos! A mediados de los ‘90 tomé personal para producto porque sola no podía. Ya estaba en la calle Conesa y tenía una empresa.”

“La otra gran pegada fueron las benditas camisas bordadas; acá sí que explotamos en ventas. ¡Tenía unas bordadoras maravillosas que eran capaces de hacer todo lo que se me ocurría! Con Carlos Menem estaba abierta la importación, pero no me hacía mella porque había consumo.”

“Me compraban a mí y a las importadoras. Empezaba con una producción chica y hacía preventa, llamando a los mayoristas para testear los productos. En ese momento, viajaban mucho a Buenos Aires. No hice estudios de mercado. Por intuición supe que las camisas bordadas serían comerciales. Y continué con blazers también bordados.”

La magia de volver a empezar

“Otro golpe de suerte fue a finales de los 90 cuando sumé a la diseñadora Carolina Aubele. Era una chica amorosa que hizo un refresh repensando mis ideas, con una mirada juvenil. Después llegó Pablo Ramírez, compañero de Elio De Angelis, que se habían recibido de diseñadores en la UBA.”

“Pablo venía de Gloria Vanderbilt y me dio una mano genial con la sastrería. Aprendí mucho con él. Al tiempito decidió irse por su cuenta. Tenía talento, tenía con qué y un inversor importante. Le dije andate ya, pero traeme a alguien.”

“Cuando dejé de modelar y los chicos entraron a la primaria, decidí hacer ropa. Con el empuje de mi marido y una amiga, empezamos. ¡Nos salió bien!”, recuerda con pasión. Foto: Adriana Constantini“Cuando dejé de modelar y los chicos entraron a la primaria, decidí hacer ropa. Con el empuje de mi marido y una amiga, empezamos. ¡Nos salió bien!”, recuerda con pasión. Foto: Adriana Constantini

“Corría 1999 y vino Elio, que llegó en plena crisis y perdimos todo. Supo que no tenía nada para ofrecerle, pero se quedó. Fue un puntal decisivo, hoy es el director creativo de la empresa. Perdimos la fábrica grande y nos fuimos acá a la vuelta, a Conesa, que también me la sacaron… Cuando vi esta casa en Echeverría y Crámer, llegué y estaba la dueña. Y me dije, acá quiero volver a empezar.”

“No tengo garantía, le confesé. Y me contestó que no importaba. ¡Otros tiempos! Y volví licenciando todo porque no tenía capital… Nadie se enteró. Fue tal vez una magia. Al licenciar, yo me quedé con el producto y la comercialización. Y estuve bien.”

Golpes de timón

“También fueron importantes las campañas publicitarias con Ingrid Grudke. Porque era siempre yo y yo… ¡Y yo crecía! Necesitaba una imagen más joven. Pensé que a Ingrid no le iba a interesar, pero aceptó. Yo parecía la madre y ella mi hija. Hicimos mucha publicidad en vía pública y revistas.”

“Las modelos iban cambiando; Evelyn Scheidl, Fabiana Araujo y hasta Graciela Borges fueron de la partida. Durante el gobierno de Néstor Kirchner volvimos a brillar con el auge de la industria nacional. En los años 2000 empezamos las franquicias; las multimarcas se deshicieron, comenzaron a abrir tiendas propias y surgieron los franquiciados con locales a la calle. Así firmamos contratos con las precisiones sobre el know how y hoy son como diez.”

“El e-commerce llegó con la pandemia. Pensábamos que nuestras clientas querían probar, tocar… teníamos la página, no le dábamos mucha importancia. Pero funcionó. Yo estaba trabajando en la tele, con Las Rubias por Net TV. Había conocido a Celeste Montanari, a quien valoré desde el principio; estaba estudiando Community Manager.”

“Y cada una, desde su casa, trabajó on line. Celeste me enseñaba y yo hacía tutoriales. Nos compraban y nosotros mismos llevábamos a domicilio o por correo. Hoy celebramos felices tantos años de trayectoria con un video y desfile.”

Cambio de hábitos

En los 90, Costantini revolucionó el mercado con sus jeans femeninos y camisas bordadas. Siempre intuitiva pero profesional, se rodeó de talentos como Carolina Aubele, Pablo Ramírez y Elio De Angeli, su actual director creativo.  Foto: Adriana ConstantiniEn los 90, Costantini revolucionó el mercado con sus jeans femeninos y camisas bordadas. Siempre intuitiva pero profesional, se rodeó de talentos como Carolina Aubele, Pablo Ramírez y Elio De Angeli, su actual director creativo. Foto: Adriana Constantini

“La moda de mis comienzos tenía menos profesionales, no tantas marcas y había pocas modelos. Todo era más reducido en el mundo de la moda. Las mujeres éramos más obedientes con las tendencias y queríamos estar a la moda. Yo les daba una moda fácil, linda y que quedaba bien. Siempre quise ayudarlas a vestirse bien y verse mejor. Pero, además, comprarte ropa te ponía contenta; estar arreglada te hacía sentir mejor. Te producías, te maquillabas.”

“Hoy -y más después de la pandemia- le damos menos importancia al arreglo, nos dedicamos menos a elegir un outfit para tal o cual ocasión. Todo lo que usabas estaba pensado, desde la ropa hasta la bijoux, los zapatos y la cartera. Las zapatillas llegaron para quedarse y, detrás, se instaló el estilo sporty; prevalece el confort sobre la elegancia. No está mal, pero es otra mirada. ¿Cuándo ibas a ir a un cóctel con una remera y un pantalón de modal? Nunca. Nadie iba a un evento sin pasar por la casa a cambiarse.”

“Otra cuestión relevante, crucial, es la del poder adquisitivo. Sin plata hay menos compras de productos suntuarios. Además, creo que el placer que le daba a la mujer comprarse ropa, decreció. Ahora tienen otros intereses; compran viajes, tecnología, insumos deportivos… Pero los cambios son una realidad y hay que acompañarlos. Y por supuesto, siempre me gustaron los desafíos.”